El hecho de dar clases y dar literatura y dar libros y dar preguntas, me otorga el extraño privilegio de leer, releer, volver a leer, volver a releer en una secuencia infinita entre el Uno y el libro como la distancia que separa la tortuga de Aquiles.
Algunos libros aún a pesar o gracias a las rererelecturas siguen provocando el desconcertante gesto de admiración, alegría o complicidad en alguna de sus parte.Esta es una de esas partes, del libro "Crímenes Imperceptibles" de Guillermo Martínez en un enunciado del personaje Seldon en el capítulo 19:
"El hombre no es más que la serie de sus actos. Yo tenía una fe de niño, absoluta, en las palabras y empecé a ver a las personas como figuras provisorias, incompletas; figuras en borrador, siempre inasibles. Si el hombre no es más que la serie de sus actos, me daba cuenta, nunca estará definido antes de su muerte: uno solo, el último de sus actos, podía aniquilar su existencia anterior, contradecir toda su vida. Y a la vez, sobre todo, era justamente la serie de mis actos lo que yo más temía. El hombre no era más que lo que yo más temía."