martes, 9 de abril de 2013

Faulkner conmueve hasta las piedras

En una narración caótica (intencionalmente caótica) en la cual los tiempos y las palabras se juntan y separan de manera caprichosa, en ese primer capítulo que no es más que la vida, o que no es más que un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia y que nada significa. En ese capítulo en el cual las informaciones nos llegan por cuenta gotas y decodificación compleja, de pronto comprendemos el dolor y el llanto de Benjy, el llanto de una ausencia, de una falta, en un narrador que actúa desde el yo pero también parece narrar en tercera persona y mientras leemos terminamos de entender.

Me desnudé y me miré y empecé a llorar. Cállese, dijo Luster. No se los busque, que no le va a servir de nada. Ya no están. Como siga así, no va a tener más fiestas de cumpleaños. Me puso el camisón. Yo me callé, y luego Luster se paró, con la cabeza hacia la ventana.

 terminamos de entender que lo han castrado, que han castrado al idiota para que ya no moleste a nadie.

miércoles, 3 de abril de 2013

La literatura en fuga...

Todos identificamos un corpus, una masa de objetos en cierto aspecto multiforme y en otro uniforme a los que podemos denominar literatura...sin embargo la pregunta "¿qué es literatura?" puede ir más allá de los objetos y más allá de las estructuras sociales y llegar al mismo sujeto y su relación (histórica) con el lenguaje.
Foucault, siempre genial, plantea la pregunta del millón y da una respuesta que por extensa, acá no pondremos:
"«¿Qué es la literatura?» no es en absoluto una pregunta de crítico, ni una pregunta de historiador o de sociólogo que se interrogan ante cierto hecho de lenguaje. Es en cierto modo un hueco que se abre en la literatura, hueco donde tendría que alojarse y que recoger probablemente todo su ser. Hay sin embargo una paradoja, en cualquier caso una dificultad. Acabo de decir que la literatura se aloja en la pregunta «¿Qué es la literatura?». Pero, después de todo, esta pregunta es muy reciente; es apenas más antigua que nosotros. En suma, la pregunta «¿Qué es la literatura?» se puede decir que en líneas generales ha llegado hasta nosotros y ha podido formularse sólo después del acontecímiento que ha sido la obra de Mallarmé. Mientras que la literatura no tiene edad, no tiene más cronología o estado civil que el propio lenguaje humano.
Sin embargo, no estoy seguro de que la propia literatura sea tan antigua como habitualmente se dice. Sin duda hace milenios que existe eso que retrospectivamente tenemos el hábito de llamar «literatura». Creo que es precisamente esto lo que habría que preguntar.
No es tan seguro que Dante o Cervantes o Eurípides sean literatura. Pertenecen desde luego a la literatura; eso quiere decir que forman parte en este momento de nuestra literatura actual, y forman parte de la literatura gracias a cierta relación que sólo nos concierne de hecho a nosotros. Forman parte de nuestra literatura, no de la suya, por la magnífica razón de que la literatura griega no existe, como tampoco la literatura latina. Dicho de otro modo, si la relación de la obra de Eurípides con nuestro lenguaje es efectivamente literatura, la relación de esa misma obra con el lenguaje griego no era ciertamente literatura."

martes, 2 de abril de 2013

El último fósforo

La tristeza y el patetismo de uno de los mejores cuentos infantiles de Hans Christian Andersen en el día en que se conmemora su nacimiento.
Para compartir un final que llena los ojos de lágrimas...



"Todavía frotó la niña otro fósforo en la pared, y creyó ver una gran luz, en medio de la cual estaba su abuela en pie y con un aspecto sublime y radiante.

-¡Abuelita!- gritó la niña-. ¡Llévame contigo! ¡Cuando se apague el fósforo, sé muy bien que ya no te veré más! ¡Desaparecerás como la chimenea de hierro, como el ave asada y como el hermoso nacimiento!
Después se atrevió a frotar el resto de la caja, porque quería conservar la ilusión de que veía a su abuelita, y los fósforos esparcieron una claridad vivísima. Nunca la abuela le había parecido tan grande ni tan hermosa. Cogió a la niña bajo el brazo, y las dos se elevaron en medio de la luz hasta un sitio tan elevado, que allí no hacía frío, ni se sentía hambre, ni tristeza: hasta el trono de Dios.
Cuando llegó el nuevo día seguía sentada la niña entre las dos casas, con las mejillas rojas y la sonrisa en los labios. ¡Muerta, muerta de frío en la Nochebuena! El sol iluminó a aquel tierno ser sentado allí con las cajas de cerillas, de las cuales una había ardido por completo.
-¡Ha querido calentarse la pobrecita!- dijo alguien.
Pero nadie pudo saber las hermosas cosas que había visto, ni en medio de qué resplandor había entrado con su anciana abuela en el reino de los cielos."



lunes, 1 de abril de 2013

La claridad de Bertolt


Muchas frases y poemas que circulan en la red se le tribuyen a Bertolt Brecht y, muchas de ellas no son de él. Sin embargo la claridad política y la simpleza de su discurso hacen que las pocas que si le pertenecen valga la pena repetirlas de vez en cuando para comprobar su innegable vigencia.
Acá dos ejemplos de increíble lucidez.

"Entonces, ¿de qué sirve decir la verdad sobre el fascismo que se condena si no se dice nada contra el capitalismo que lo origina?"

"El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el coste de la vida, el precio de las alubias, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales."