domingo, 1 de septiembre de 2013

La clase media argentina en la pluma de R. Walsh

Muchas veces los narradores no sólo describen personas, sino también grupos sociales. En cierto modo la novela ha sido el relato que mejor a descrito a la clase media. Y a la clase media argentina, dos fragmentos geniales de "Operación Masacre" de Rodolfo Walsh:

"Florida , sobre el F. C. Belgrano, está a 24 minutos de Retiro. No es lo mejor del partido de Vicente López, pero tampoco es lo peor. El municipio regatea el agua y las obras sanitarias, hay baches en los pavimentos, faltan letreros indicadores en las esquinas, pero el pueblo vive a pesar de todo.
El barrio en que van a ocurrir tantas cosas imprevistas está a unas seis cuadras de la estación, yendo al oeste. Ofrece los violentos contrastes de las zonas en desarrollo, donde confluyen lo residencial y lo escuálido, el chalet recién terminado junto al baldío de yuyos y de latas.
El habitante medio es un hombre de treinta a cuarenta años que tiene su casa propia, con un jardín que cultiva en sus momentos de ocio, y que aún no ha terminado de pagar el crédito bancario que le permitió adquirirla. Vive con una familia no muy numerosa y trabaja en Buenos Aires como empleado de comercio o como obrero especializado. Se lleva bien con los vecinos y propone o acepta iniciativas para el bien común. Practica deportes –por lo general el fútbol–, conversa los temas habituales de la política, y bajo cualquier gobierno protesta sin exaltarse contra el alza de la vida y los transportes imposibles." (3. Don Horacio)

"Un muchacho serio y trabajador, dicen los vecinos. Una vida común, sin relieves brillantes, sin deslumbres de aventura, reconstruimos nosotros. A los quince años se emplea de oficinista, sin abandonar sus estudios, sigue cursos de inglés, que llegará a hablar con cierta soltura, se recibe de perito mercantil. Parece haberse fijado un plan de vida de etapas precisas y las va cumpliendo. Con sus ahorros compra un terreno, edifica una casa. Sólo entonces decide casarse, con su primera novia. Más tarde les nace un hijo: Daniel Mario.
Del padre, un español que supo ganarse la vida en duros oficios, ha heredado un difuso amor a la lectura. Es una sorpresa encontrar en su biblioteca a Horacio, a Séneca, a Shakespeare, a Unamuno y Baroja, junto a las frías colecciones contables. También hay allí esos libros de inevitable procedencia americana y de títulos diversos, que pueden resolverse en uno –Cómo triunfar en la vida–, y ellos indican, por encima de los dudosos resultados prometidos, cuáles eran las aspiraciones de Mario: trabajar, progresar, proteger a su familia, tener amigos, ser estimado.
No le hubiera costado trabajo lograrlo. En la empresa donde estaba se le había ofrecido ya una jefatura de sección. Ganaba bien: ninguna comodidad faltaba en su casa. Suya era cuanta iniciativa útil nacía en el vecindario. Un caminito pavimentado que une la esquina de su casa con la avenida San Martín lo recuerda. Él recolectó el dinero, él reunió a los vecinos para trabajar domingos y feriados. Mario Brión –dice la gente– es un muchacho alegre, amable con todos, un poco tímido. No fuma ni bebe. Sus únicas diversiones consisten en ir al cine con su esposa, o en jugar al fútbol con sus amigos del barrio." (10. Mario)

lunes, 26 de agosto de 2013

A los 99 años de Julio Cortazar

Leyendo aquel "historia de cronopios y de famas" uno no puede no maravillarse con la hermosura de la simpleza. Una breve narración de Julio Cortazar:

Instrucciones para dar cuerda un reloj.

     Allá en el fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.
     ¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus pequeños rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

Cortazar, Julio (1962); Historia de Cronopios y de Famas. 

martes, 18 de junio de 2013

La muerte de Bergotte


     El pensamiento de Proust respecto a la muerte, pensamiento claro expresado en el fluir de oraciones que subordinada tras subordinada van encontrando su clausula que abre el pensamiento al infinito. Marcel lee a Bergotte y yo leo a Proust que escribe a Marcel que no es Marcel pero es Bergotte.

"Lo que puede decirse es que en nuestra vida ocurre todo como si entráramos en ella con la carga de obligaciones contraídas en una vida anterior; en nuestras condiciones de vida en esta tierra no hay ninguna razón para que nos creamos obligados a hacer el bien, a ser delicados, incluso a ser corteses, ni para que el artista ateo se crea obligado a volver a empezar veinte veces un pasaje para suscitar una admiración que importará poco a su cuerpo comido por los gusanos, como el detalle de pared amarilla que con tanta ciencia y tanto refinamiento pintó un artista desconocido para siempre, identificado apenas bajo el nombre de Ver Meer. Todas estas obligaciones que no tienen su sanción en la vida presente parecen pertenecer a otro mundo, a un mundo fundado en la bondad, en el escrúpulo, en el sacrificio, a un mundo por completo diferente de éste y del que salimos para nacer en esta tierra, antes quizá de retornar a vivir bajo el imperio de esas leyes desconocidas a las que hemos obedecido porque llevábamos su enseñanza en nosotros, sin saber quién las había dictado -esas leyes a las que nos acerca todo trabajo profundo de la inteligencia y que sólo son invisibles (¡y ni siquiera!) para los tontos-."

miércoles, 8 de mayo de 2013

El miedo de Seldon

 
   El hecho de dar clases y dar literatura y dar libros y dar preguntas, me otorga el extraño privilegio de leer, releer, volver a leer, volver a releer en una secuencia infinita entre el Uno y el libro como la distancia que separa la tortuga de Aquiles.
      Algunos libros aún a pesar o gracias a las rererelecturas siguen provocando el desconcertante gesto de admiración, alegría o complicidad en alguna de sus parte.
       Esta es una de esas partes, del libro "Crímenes Imperceptibles" de Guillermo Martínez en un enunciado del personaje Seldon en el capítulo 19:
     "El hombre no es más que la serie de sus actos. Yo tenía una fe de niño, absoluta, en las palabras y empecé a ver a las personas como figuras provisorias, incompletas; figuras en borrador, siempre inasibles. Si el hombre no es más que la serie de sus actos, me daba cuenta, nunca estará definido antes de su muerte: uno solo, el último de sus actos, podía aniquilar su existencia anterior, contradecir toda su vida. Y a la vez, sobre todo, era justamente la serie de mis actos lo que yo más temía. El hombre no era más que lo que yo más temía." 

martes, 9 de abril de 2013

Faulkner conmueve hasta las piedras

En una narración caótica (intencionalmente caótica) en la cual los tiempos y las palabras se juntan y separan de manera caprichosa, en ese primer capítulo que no es más que la vida, o que no es más que un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia y que nada significa. En ese capítulo en el cual las informaciones nos llegan por cuenta gotas y decodificación compleja, de pronto comprendemos el dolor y el llanto de Benjy, el llanto de una ausencia, de una falta, en un narrador que actúa desde el yo pero también parece narrar en tercera persona y mientras leemos terminamos de entender.

Me desnudé y me miré y empecé a llorar. Cállese, dijo Luster. No se los busque, que no le va a servir de nada. Ya no están. Como siga así, no va a tener más fiestas de cumpleaños. Me puso el camisón. Yo me callé, y luego Luster se paró, con la cabeza hacia la ventana.

 terminamos de entender que lo han castrado, que han castrado al idiota para que ya no moleste a nadie.

miércoles, 3 de abril de 2013

La literatura en fuga...

Todos identificamos un corpus, una masa de objetos en cierto aspecto multiforme y en otro uniforme a los que podemos denominar literatura...sin embargo la pregunta "¿qué es literatura?" puede ir más allá de los objetos y más allá de las estructuras sociales y llegar al mismo sujeto y su relación (histórica) con el lenguaje.
Foucault, siempre genial, plantea la pregunta del millón y da una respuesta que por extensa, acá no pondremos:
"«¿Qué es la literatura?» no es en absoluto una pregunta de crítico, ni una pregunta de historiador o de sociólogo que se interrogan ante cierto hecho de lenguaje. Es en cierto modo un hueco que se abre en la literatura, hueco donde tendría que alojarse y que recoger probablemente todo su ser. Hay sin embargo una paradoja, en cualquier caso una dificultad. Acabo de decir que la literatura se aloja en la pregunta «¿Qué es la literatura?». Pero, después de todo, esta pregunta es muy reciente; es apenas más antigua que nosotros. En suma, la pregunta «¿Qué es la literatura?» se puede decir que en líneas generales ha llegado hasta nosotros y ha podido formularse sólo después del acontecímiento que ha sido la obra de Mallarmé. Mientras que la literatura no tiene edad, no tiene más cronología o estado civil que el propio lenguaje humano.
Sin embargo, no estoy seguro de que la propia literatura sea tan antigua como habitualmente se dice. Sin duda hace milenios que existe eso que retrospectivamente tenemos el hábito de llamar «literatura». Creo que es precisamente esto lo que habría que preguntar.
No es tan seguro que Dante o Cervantes o Eurípides sean literatura. Pertenecen desde luego a la literatura; eso quiere decir que forman parte en este momento de nuestra literatura actual, y forman parte de la literatura gracias a cierta relación que sólo nos concierne de hecho a nosotros. Forman parte de nuestra literatura, no de la suya, por la magnífica razón de que la literatura griega no existe, como tampoco la literatura latina. Dicho de otro modo, si la relación de la obra de Eurípides con nuestro lenguaje es efectivamente literatura, la relación de esa misma obra con el lenguaje griego no era ciertamente literatura."

martes, 2 de abril de 2013

El último fósforo

La tristeza y el patetismo de uno de los mejores cuentos infantiles de Hans Christian Andersen en el día en que se conmemora su nacimiento.
Para compartir un final que llena los ojos de lágrimas...



"Todavía frotó la niña otro fósforo en la pared, y creyó ver una gran luz, en medio de la cual estaba su abuela en pie y con un aspecto sublime y radiante.

-¡Abuelita!- gritó la niña-. ¡Llévame contigo! ¡Cuando se apague el fósforo, sé muy bien que ya no te veré más! ¡Desaparecerás como la chimenea de hierro, como el ave asada y como el hermoso nacimiento!
Después se atrevió a frotar el resto de la caja, porque quería conservar la ilusión de que veía a su abuelita, y los fósforos esparcieron una claridad vivísima. Nunca la abuela le había parecido tan grande ni tan hermosa. Cogió a la niña bajo el brazo, y las dos se elevaron en medio de la luz hasta un sitio tan elevado, que allí no hacía frío, ni se sentía hambre, ni tristeza: hasta el trono de Dios.
Cuando llegó el nuevo día seguía sentada la niña entre las dos casas, con las mejillas rojas y la sonrisa en los labios. ¡Muerta, muerta de frío en la Nochebuena! El sol iluminó a aquel tierno ser sentado allí con las cajas de cerillas, de las cuales una había ardido por completo.
-¡Ha querido calentarse la pobrecita!- dijo alguien.
Pero nadie pudo saber las hermosas cosas que había visto, ni en medio de qué resplandor había entrado con su anciana abuela en el reino de los cielos."