El pensamiento de Proust respecto a la muerte, pensamiento claro expresado en el fluir de oraciones que subordinada tras subordinada van encontrando su clausula que abre el pensamiento al infinito. Marcel lee a Bergotte y yo leo a Proust que escribe a Marcel que no es Marcel pero es Bergotte.
"Lo que puede decirse es que
en nuestra vida ocurre todo como si entráramos en ella con la carga de
obligaciones contraídas en una vida anterior; en nuestras condiciones de vida
en esta tierra no hay ninguna razón para que nos creamos obligados a hacer el bien,
a ser delicados, incluso a ser corteses, ni para que el artista ateo se crea
obligado a volver a empezar veinte veces un pasaje para suscitar una admiración
que importará poco a su cuerpo comido por los gusanos, como el detalle de pared
amarilla que con tanta ciencia y tanto refinamiento pintó un artista
desconocido para siempre, identificado apenas bajo el nombre de Ver Meer. Todas
estas obligaciones que no tienen su sanción en la vida presente parecen
pertenecer a otro mundo, a un mundo fundado en la bondad, en el escrúpulo, en
el sacrificio, a un mundo por completo diferente de éste y del que salimos para
nacer en esta tierra, antes quizá de retornar a vivir bajo el imperio de esas
leyes desconocidas a las que hemos obedecido porque llevábamos su enseñanza en
nosotros, sin saber quién las había dictado -esas leyes a las que nos acerca
todo trabajo profundo de la inteligencia y que sólo son invisibles (¡y ni
siquiera!) para los tontos-."
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