Cásate, pensó, y verás. Oh, las cocineras y todo lo demás. Cada hombre tiene su manera de ser. Pero no sé si hubiera decidido lo mismo que decidí, si hubiera estado enterada de antemano, pensó la señora Dempster, y no pudo evitar el deseo de decirle unas palabras al oído a Maisie Johnson, de sentir en la arrugada piel de su cara vieja y marchita el beso de la piedad. Sí, porque ha sido una vida dura, pensó la señora Dempster. ¿Qué no he dado yo a esta vida? Rosas; la figura; y también los pies. (Escondió los pies deformes y abollados bajo la falda.)"
En el día de la mujer un fragmento de uno de los mejores libros de Virginia Woolf, La señora Dalloway.
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